Por LOPERA AGUIRRE VALERIA • 05/08/2025 • Actualizado 27/08/2025
Este escrito analiza cómo los celos y el control, presentes en relaciones antiguas como en las actúales, siguen siendo un problema que alimenta la dependencia emocional. Hoy en día, las redes sociales han hecho más visible y frecuente este círculo vicioso, pues la conexion constante facilita la desconfianza, la comparación y la necesidad de vigilar al otro. Acá veremos cómo estas conductas, lejos de ser amor generan inseguridad y limitan la libertad, y plantea que el verdadero reto es construir vínculos basados en confianza y respeto mutuo y no del control hacia la pareja.
Palabras clave: Celos, control, dependencia emocional.
Los celos y el control no son amor. Son inseguridades disfrazadas que convierten las relaciones en estancamiento emocional y hasta profesional. Cuando se naturalizan, generan dependencia y, en muchos casos, violencia. Amar no significa poseer ni vigilar, sino acompañar desde la confianza, el respeto y la libertad.
Cuando alguien empieza a creer que los celos son sinónimo de amor empieza a normalizar pequeñas formas de control, como, dejar de hablarle a ciertas amistades, vestirse distinto, ocultar cosas para evitar discusiones. Poco a poco, esa persona se va amarrando y pierde totalmente su libertad y autonomía por miedo. Lo que al principio se vio como una muestra de interés, se fue volviendo en miedo a decepcionar, molestar o perder al otro. Así el amor pasa de ser un lugar de paz y tranquilidad a volverse una cárcel. Está puede ser la causa de la dependencia en las parejas, la idea de que amar es aguantar, perdonar o desaparecer para el mundo solo por tu pareja.
El amor bajo el control y celos descontrolados, es como tener una planta y ahogarla en agua por miedo a que se seque, aunque tengamos una buena intención, el exceso termina asfixiandola y dañando sus raíces. Esto pasa con las relaciones que se basa en el control y posesividad, haciéndolos pasar por cuidado y amor. Esto afecta la liberta y bienestar emocional de las dos personas. Es lo mismo que con la planta, aunque necesita agua también necesita luz y espacio para crecer. Una relación sana se construye con amor, pero también con confianza, respeto y autonomía.
El amor deja de sentirse como hogar y empieza a sentirse como prisión. La persona se va apagando, actúa con miedo a decepcionar y vigila cada gesto para no “dar motivos”. Según el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (2022), más del 70 % de las víctimas de violencia de pareja en Colombia señalaron que todo empezó con celos, aislamiento y manipulación emocional, mucho antes de los golpes. Esto muestra que lo que solemos normalizar como “detalles de amor” son en realidad alarmas tempranas.
El psicólogo Walter Riso, reconocido por sus libros sobre el autoestima, dependencia afectiva y amor sano, ha sido una persona muy influyente en el ámbito de la salud emocional. En su obra “amor o depender” dice que “los celos no son una prueba de amor. Son una forma de posesión, inseguridad y miedo al abandono.” Para él los celos se dan por una baja autoestima y el deseo de controlar a la otra persona por miedo a perderl@. Esta opinión pone en duda la idea de que “si te cela, es por que te ama”
No todas las personas que sienten celos lo hacen por controlar o hacer algún daño emocional. Muchas veces los celos aparecen porque alguien nos importa mucho y no queremos perderlo. Es algo natural y no algo que elegimos sentir y expresar. Muchas personas que han estado en relaciones sanas han sentido celos en algún momento de la relación y por eso han dañado a su pareja, lo importante es como saben manejarlo. No se trata de borrar lo que sentimos, sino de aprender a hablarlo con el otro, con cariño y respeto.
Muchas personas que sienten celos o miedo a perder a su pareja no lo hacen porque quieran controlar, sino porque cargan heridas emocionales del pasado: infidelidades, abandono, traiciones o experiencias familiares marcadas por el miedo. Para alguien que ha sufrido este tipo de situaciones, es difícil confiar del todo. No se trata de justificar el control, pero sí de entender que a veces los celos no nacen de una intención de dominar, sino de una necesidad profunda de seguridad emocional.
Por eso, en vez de rechazar de plano a quien siente celos, algunas personas creen que es mejor acompañarlo, hablarlo y sanar juntos, porque no todos aprendieron a amar desde la calma.
Valeria conoció a alguien por Instagram que desde el primer día la llenó de mensajes, halagos y promesas. Todo fue tan rápido y tan intenso que ella pensó que por fin había encontrado a alguien que la quería de verdad. Él le decía que nunca había sentido algo así, que ella era especial, que quería todo con ella, esto la hizo sentirse feliz, segura y muy ilusionada.
Pero después de unas semanas, las cosas cambiaron, él ya no escribía con la misma emoción, sus respuestas eran frías y distantes y un día simplemente desapareció.
Eso que vivió Valeria se llama love bombing (manipulación emocional donde alguien, al inicio de la relación, llena de atenciones, halagos y promesas exageradas para generar dependencia. No es verdadero amor, sino una forma de enganchar rápido y luego controlar o desaparecer), seguido de ghosting (cortar una relación desapareciendo de un momento a otro, sin dar explicaciones. La persona deja de contestar mensajes o bloquea, causando confusión, inseguridad y falta de cierre emocional). Primero te llenan de afecto en gran cantidad para que te ilusiones, y cuando ya dependes de esa persona siemplemente desaparece. Y lo más duro es que te dejan con la duda, sintiéndote culpable, preguntándote si hiciste algo mal.
Pero no fue su culpa. Nunca fue amor verdadero, fue una forma de manipular usando el cariño como trampa. Y aunque no hubo gritos ni peleas, también fue una forma de lastimar y generar daños.
Hoy sabemos que los celos, el control o la dependencia emocional no son expresiones de amor, sino señales de relaciones que pueden dañarnos. Durante mucho tiempo se pensó que amar era sinónimo de aguantar, ceder o moldearse a lo que el otro quisiera. Sin embargo, hemos aprendido que esas ideas generan inseguridad, ansiedad y hasta pérdida de la propia identidad. El amor real no debería doler ni asustar, sino brindar libertad, confianza y crecimiento mutuo.
Por eso, si queremos transformar la forma en que nos relacionamos, necesitamos revisar las creencias que heredamos sobre el amor, aprender a reconocer dinámicas como el love bombing (sobrecarga de amor al inicio de la relación) o el ghosting (desaparición sin explicación), y buscar alternativas más sanas. La educación afectiva, el acceso al acompañamiento psicológico y las campañas públicas pueden ayudarnos a construir vínculos donde el respeto y la libertad estén en el centro. Amar de verdad no es controlar, sino caminar juntos sin dejar de ser uno mismo.